Dentro de la vendimia 2026 en Rovellats: donde comienza la próxima añada

21/09/2026
Elena García Garre

Dentro de la vendimia 2026 en Rovellats: donde comienza la próxima añada

La vendimia de 2026 llegó pronto al Penedès. En Rovellats, el equipo situaba el adelanto en unos 17 o 18 días respecto a una campaña habitual, después de un año marcado por buenas precipitaciones hasta mayo y una primavera-verano mucho más seca. La consecuencia fue clara: menos cantidad de uva, pero una cosecha muy sana, sin apenas presión de hongos ni enfermedades.

Pero una vendimia adelantada, por sí sola, explica muy poco.

Lo importante sucede cuando una bodega decide qué recoger, cuándo hacerlo y para qué vino. Durante nuestra visita a Rovellats, en Sant Martí Sarroca, pudimos vivir ese proceso desde dentro: caminar por una parcela antigua de Xarel·lo, probar la uva, hablar de acidez, madurez, carga por cepa y destino final. No se trataba solo de saber si la uva estaba lista. Se trataba de entender qué debía conservar esa uva después de la fermentación, de la segunda fermentación y de los años de crianza.

Una vendimia que se decide pensando a largo plazo

Rovellats elabora espumosos concebidos desde el viñedo y preparados para evolucionar con tiempo. Esa intención cambia la forma de leer la vendimia. La frescura, la estructura y la precisión deben estar presentes desde el principio, aunque el consumidor no vaya a abrir la botella hasta mucho más adelante.

En el viñedo, Manel, responsable de producción, nos explicó que el Xarel·lo que estábamos probando era una de las parcelas más especiales de la casa. Un viñedo antiguo, destinado a los mejores productos de Rovellats por la calidad de sus uvas, su sabor y su acidez. No era una vendimia tomada a la ligera: llevaba semanas tomando muestras, analizando azúcar y acidez, primero de forma semanal y después día a día, hasta encontrar el momento adecuado.

Ese matiz ayuda a entender la vendimia con más precisión. La madurez no se interpreta de forma aislada. Se lee según la variedad, la parcela y el recorrido previsto para cada vino. En una casa dedicada a largas crianzas, el trabajo de hoy debe sostener la tensión y el equilibrio que la botella necesitará durante años.

La uva que vimos estaba sana, expresiva y con una acidez todavía muy presente. Josep Cardona, 3ª generación y dueño del Celler, nos explicó después que aquella uva podía estar alrededor de los 10 o 10,5 grados, y que incluso podría dejarse madurar más para elaborar un gran vino blanco. Pero Rovellats no buscaba eso en ese momento. Buscaba una uva adecuada para vinos espumosos, donde la frescura y la acidez siguen siendo esenciales. 

El viñedo como origen de la identidad de Rovellats

Uno de los momentos más reveladores de la visita fue entender que aquella parcela de Xarel·lo no era especial solo por su edad. Josep explicó que estaba plantada aproximadamente entre 1959 y 1961, y que durante años había sido una de las viñas más difíciles de la casa. En lugar de abandonarla o asumir sus limitaciones, Rovellats la transformó mediante una conducción en emparrado doble, buscando ordenar la planta, controlar su carga y obtener una expresión más equilibrada.

Esa explicación dice mucho de la filosofía de la bodega. No se trata únicamente de tener viñas viejas. Se trata de saber trabajarlas. Cada parcela tiene una orientación, un suelo, una forma de comportarse y una función dentro del estilo de la casa. Josep lo resumió de una forma muy visual: una cepa, de algún modo, se educa. Se la deja crecer, se la observa, se la corrige y se la acompaña hasta que puede dar lo mejor de sí misma.

Durante la vendimia, esa relación entre viñedo y estilo se vuelve tangible. La edad de la planta, la acidez, la piel, la pepita, la carga por cepa y el destino de cada partida forman parte de una misma lectura. Rovellats no vendimia simplemente uva. Vendimia decisiones.

Y quizá por eso una de las frases más importantes de la jornada fue también una de las más sencillas. Cuando pregunté cuándo una buena uva se convierte en Rovellats, Josep respondió:

“Una buena uva no se convierte en Rovellats nunca. Una buena uva es Rovellats.”

Para un importador, esa idea tiene un valor enorme. Permite explicar que Rovellats no construye su identidad al final del proceso, ni en el etiquetado, ni únicamente en la crianza. La identidad empieza antes, en la viña, en la forma de interpretar cada parcela y en la decisión de mantener una manera de trabajar generación tras generación.

Lo que ocurre ahora condiciona lo que llegará al mercado

La vendimia abre un proceso mucho más largo. Después llegarán la elaboración, el ensamblaje, la segunda fermentación y la crianza. El mercado verá el resultado al final, pero su perfil empieza a construirse en estas primeras decisiones.

Esa idea se entendió todavía mejor al bajar a La Cava, situada a 12 metros bajo el jardín y mantenida de forma natural alrededor de los 14 grados durante todo el año. Allí, en una cava subterránea de arquitectura radial, única en el mundo, se produce la segunda fermentación y comienza una crianza que en Rovellats no se entiende como una simple espera, sino como una parte esencial del estilo de la casa.

Josep lo explicó con precisión: el cava es un vino espumoso, pero sigue siendo vino. La crianza no mejora por sí sola un vino que no tiene calidad desde el principio. Por eso cada viña se trabaja con un destino concreto, cada producto se construye con distintas variedades y cada crianza responde a una intención.

En Rovellats, además, este trabajo se apoya en una lógica de elaboración integral. La bodega trabaja alrededor de 50 hectáreas de viñedo propio y produce aproximadamente 250.000-260.000 botellas de cava y 40.000-50.000 botellas de vino al año, dentro de lo que Josep define como un concepto cercano al château: viñedos gestionados por la propia bodega, alrededor de la casa y orientados a garantizar regularidad.

Para los profesionales internacionales, este contexto facilita mucho la explicación. Un comprador puede entender que una larga crianza no empieza cuando la botella entra en la cava. Empieza con una elección en el viñedo. También puede transmitir mejor por qué la frescura, la estructura y la regularidad importan en un espumoso pensado para evolucionar.

Una identidad que no se adapta perdiéndose

Una parte especialmente interesante de la conversación fue la reflexión sobre los mercados internacionales. Cuando pregunté qué parte de Rovellats no debería cambiar nunca, aunque un importador o un mercado lo pidiera, Josep fue muy claro: Rovellats no quiere copiar lo que hacen otros. Su camino está en trabajar lo que tiene: Macabeo, Xarel·lo, Parellada, cosecha propia y largas crianzas.

Esa respuesta es importante porque habla de posicionamiento. En un mercado global, muchas bodegas sienten la tentación de adaptar demasiado su producto para encajar en cada país. Rovellats entiende la adaptación de otra manera. Puede haber ajustes comerciales, pero no una renuncia a la forma de elaborar que ha construido su identidad.

La bodega trabaja sin licor de expedición entendido como una fórmula externa que maquilla el producto. Josep explicó que, cuando se añade azúcar, es azúcar con vino; no destilados, no vinos pasados por barrica, no recursos que alejen el cava de su estilo propio.

Para un importador, esto aporta claridad. Rovellats no es una marca que cambie de personalidad según el mercado. Es una bodega con una filosofía reconocible, una forma de trabajar estable y una idea muy concreta de lo que quiere entregar en botella.

Masía Siglo XV: cuando el tiempo tiene sentido

La jornada terminó con una copa de Masía Siglo XV 2016, un cava con 10 años de crianza. Nueve de esos años han transcurrido en la cava, después de un primer año en bodega. No es fácil elaborar un espumoso con esa antigüedad y mantener, al mismo tiempo, frescura, burbuja y armonía.

Josep insistió en una idea fundamental: las cosas no son mejores solo por ser viejas. Un mal vino no se convierte en un gran cava por acumular años de crianza. La edad solo tiene sentido cuando el vino base puede sostenerla.

Masía Siglo XV resume muy bien lo que Rovellats intenta construir: profundidad sin perder frescura, complejidad sin perder equilibrio y una burbuja integrada que permite acompañar desde un aperitivo hasta una comida completa. La gastronomía apareció varias veces durante la conversación, no como un argumento añadido, sino como una consecuencia natural del estilo de la casa.

Para mercados internacionales, esta versatilidad es muy relevante. Ayuda a explicar que un espumoso de larga crianza no tiene por qué quedar limitado al brindis o a la celebración. Puede ocupar un lugar real en la mesa, acompañar distintos platos y formar parte de una experiencia gastronómica completa.

Vivir el origen para explicarlo mejor

En E2G trabajamos con bodegas que necesitan convertir su identidad en una propuesta relevante para otros mercados. Esa labor requiere documentos, datos y conocimiento del portfolio. Pero también requiere estar cerca del lugar donde se toman las decisiones.

La visita a Rovellats nos permitió observar, escuchar y comprender mejor el proyecto. Vimos cómo una campaña temprana se traduce en atención, criterio y propósito. Entendimos mejor el valor de una parcela antigua de Xarel·lo, la importancia de la acidez, la paciencia que exige una larga crianza y la coherencia necesaria para mantener una identidad sin diluirla.

También vimos algo que no siempre se puede explicar desde una ficha técnica: el sentimiento que hay detrás de una bodega familiar. Josep lo dijo con claridad al hablar de por qué Rovellats no podría producirse en otro lugar. Está el Penedès, están las variedades tradicionales, está Montserrat, están las corrientes de aire mediterráneas, están el sol, la lluvia y la tierra. Pero, antes de todo eso, está el sentimiento.

La próxima añada de Rovellats tardará en llegar al mercado. Su historia, sin embargo, ya ha comenzado en el viñedo.

Descubre Rovellats y la historia que hay detrás de sus vinos.

Elena García